AMORES DE VERANO
Nos conocimos un día en la playa. No sé quien habló primero,
probablemente tú, para pedirme perdón por haberme golpeado con el balón en la
cabeza. Yo solo tenía ganas de echar arena sobre tu lindo rostro. Empezaste a
mover mi cabeza de un lado a otro para ver si estaba bien y acabé con mi oreja
pegada a tu pecho donde tu corazón corría la maratón.
Tras eso insististe en comprarme algo frio y me llevaste en
brazos hasta el bar más cercano.
Hablamos, bebimos y nos emborrachamos. Al final me llevaste en tu espalda mientras yo insistía en gritarte al oído.
Terminamos en una cafetería comiendo un helado supergigante,
bromeando y riendo sin parar.
Éramos uña y carne, nuestras sombras se fundían en una sola,
nuestras manos iban juntas y teníamos una sonrisa tonta en la cara.
Pero el verano se terminó como hace siempre y cada uno
volvió a su casa. Nos dimos un último gran beso y juramos que íbamos a seguir
en contacto y que nos reuniríamos en cuanto pudiéramos de
nuevo.
El tiempo va pasando y las llamadas son más espaciadas y ya
no te echo tanto de menos aunque siempre te tengo en un rinconcito de mi mente
y de vez en cuando, alguna tontería me recuerda a ti.
El próximo verano se acerca.
¿Qué sentiremos al vernos?



No hay comentarios:
Publicar un comentario