-Mira los globos, mira.
Llevo a mi prima pequeña en brazos hasta una manada/banco/piara/conjunto de
globos. Siempre me ha parecido ridículo como algo tan estúpido, un poco de
plástico y aire, pueden fascinarnos tanto.
Ella levanta la mano para intentar tocar la cabeza de un Bob Esponja
globiano con una sonrisa un tanto escalofriante que a mi parecer no es
demasiada apta para niños, pero dejémoslo pasar.
Sosteniendo los globos está un buen señor, que nos mira esperanzado,
esperando que compremos uno de los globos.
Mi prima insiste en ir señalando todos los personajes y me
cuenta la historia de cada uno, como si yo fuera demasiado mayor para
conocerla. Que no lo soy, pero hay que agradecer la intención, supongo.
La sigo sosteniendo y me río cuando imita a un cerdo, en clara alusión a
Pepa Pig. Lo vuelve a hacer para que me vuelva a reír. La complazco.
Me mira sonriente mientras sigue con su diatriba y yo asiento con la cabeza
y digo "ooooh" y "aaaaah" cuando es necesario. Es necesario
bastantes veces he de decir.
Pienso en cuando dejará de maravillarse tanto por un globo. Cuando pensará
en ellos como algo con helio en su interior. Cuando creerá que el helio que
hace tu voz graciosa es más interesante que la cascara que lo envuelve.
Entonces un globo rebelde se suelta de su agarre y empieza su ascensión,
imparable, hacia el cielo.
Mi prima lo señala con el dedo, fascinada, como si quisiera poder volar como él. Ambas seguimos su trayectoria y le decimos adios, deseándole un buen viaje. Cosas de globos.



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