LAS PALABRAS
—¡Mis palabras! ¡Las perdí! ¡Socorro! ¡Me las han robado!
Su secretaria entró corriendo en la habitación para
encontrárselo gritando y señalando al ordenador que tenía delante.
—¡Socorro! —insistía él—. Llame a la policía, a la
televisión, al presidente, al CSI, al FBI, a la secreta, a mi madre, a…
—Pare, señor, pare. ¿Qué diablos ha pasado?
—Un secuestro, un robo.
—¿De quién o de qué?
—Mis palabras, Rosa, haga algo.
Y ante su asombro Rosa se echó a reír.
—No diga tonterías, señor. Lo que necesita es descansar un
poco. Nadie le ha robado nada —rodeó su brazo y empezó a tirar de él hacia la
puerta.
Él se dejó llevar, dejando atrás una página en blanco.



No hay comentarios:
Publicar un comentario