lunes, 25 de abril de 2016

Relato: Cuando yo era joven…

CUANDO YO ERA JOVEN...


Querido diario:
Hoy he hecho una amiga…


Cuando yo era joven la gente pasaba el verano en el pueblo. No eran tan común eso de irse al extranjero y viajar en avión. Y sin embargo, al contrario que muchos niños entonces, yo no tenía un pueblo al que ir a pasar mis vacaciones de verano. 

De modo que  decidimos adoptar un pueblo, o el pueblo nos adoptó a nosotros, todavía no lo tengo muy claro y así, comenzó el verano en el que apenas contaba con seis años, mi pelo rojo rizado y rebelde y una voz demasiado estruendosa que me precedía allá donde fuera.
Las memorias de esos días apenas se mantienen en mi mente, excluidas por nuevas historias, quedando en mi mente simplemente una sensación de que aquel fue un buen verano. Sin embargo hay momentos que te marcan en la vida, momentos que pueden ser simples, pero que son muy relevantes para tu pequeña mente.

Todo empezó una tarde de lluvia. No recuerdo exactamente si mi madre nos había echado de casa o si había sido elección nuestra salir, pero ahí estábamos mi hermano y yo mirando llover, guarecidos  bajo los balcones del edificio en el que vivíamos alquilados. Y es que  en una calle en la que llovía sobre mojado las opciones de juego eran bastante escasas.
Pero como cualquier niño, enseguida se nos ocurrió algo para entretenernos: correr hasta el edificio de enfrente intentando mojarte lo menos posible. Y es que entonces no teníamos todo ese entretenimiento electrónico, de modo que hacíamos lo que podíamos. Al principio nos entretuvimos los dos solos, hasta que de repente se nos unieron los dos niños que vivían enfrente y que casualmente tenían nuestra edad. 

La calle se llenó de risas y de los sonidos de una amistad naciente y que se iría desarrollando a lo largo de los años hasta un punto en el que se convirtió en algo parecido a la familia del pueblo.
Cuando yo era joven no era difícil hacer amigos, jugábamos tardes enteras creando mundos nuevos en los que vivíamos hasta que nuestras madres nos gritaban que había que cenar. Nadábamos en la piscina, jugábamos a cartas y la amistad era instantánea.

No recuerdo mucho de aquellos años, pero en mi mente siempre quedará aquella tarde lluviosa en la que germinó una amistad de esas que duran para siempre.


No hay comentarios:

Publicar un comentario